Caerse de la cama es un proyecto de investigación-creación que desarrollo como paciente con dolor crónico, es un fragmento de mi proceso de convivencia con la enfermedad, con Dolor, con la recuperación fallida, con los múltiples medicamentos. Su nombre surge de mi caída del 25 de marzo de 2019. 

La cama es el lugar donde solemos sobrellevar la enfermedad, la que nos lleva más hacia adentro, es decir, hacia la reflexión, el silencio, el autoanálisis, en contraposición a los momentos en los que gozamos de buena salud, cuando la cama se deja un poco de lado y vamos hacia fuera, hacia el Otro. Mi cama deviene lugar de pensamiento que compensa la imposibilidad de mantenerme en pie, o sentada en sillas incómodas, cómodas para los demás. 

Creo en posición horizontal —que es la de la muerte, la enfermedad, y la feminidad— porque estoy obligada a mantener inmóviles, durante largos periodos, las caderas, las piernas y la espalda. La cama no me aísla completamente del mundo, pero sí de casi todo; inserta una distancia con el viento, los árboles, las calles, los seres humanos que no conozco. Así que siembro en casa, recibo visitas, abro las ventanas, creo para no separarme tanto del Otro. Creo que creando en la cama puedo soportar mejor a Dolor cuando no me deja pensar más, creo para vivir un poco más a gusto. Por eso la cama me cuestiona: la cama es lo contrario al Otro, es decir, yo. ¿La cama soy yo? ¿Yo como la cama? Intento entender por qué mi cama se mantiene dispuesta para mí y por qué me recibe a pesar de llegar siempre con Dolor. ¿Dolor como la cama? ¿Dolor y la cama? ¿Dolor soy yo? No, no soy la cama y tampoco soy Dolor, ¿pero es la cama de Laura o de Dolor? La cama es (de) Dolor.

Pienso en la cama como representación del sujeto, como símbolo, pero además como elemento plástico, como materia que representa, esta vez, la caída, el fracaso.

Reportaje Telecafé

¿Qué sucede cuando me caigo de la cama, cuando soy expulsada a otro tiempo en el que Dolor gobierna?, porque Dolor es invencible, ya lo sé, Dolor es más fuerte que yo. Ese día fui, de nuevo, incapaz de soportarlo, entonces busqué otra cama: la del hospital, porque la cama no solo está en la casa, sino también en un par de sillas que se miran, en el suelo acartonado, en el cuerpo que soporta, en la tierra o bajo tierra.